Tradicionalmente se ha asociado siempre el dolor con la presencia de daño o lesión. Sin embargo, el dolor no siempre es sinónimo de daño. En nuestro organismo existen un tipo de neuronas, cuyas terminaciones nerviosas reaccionan ante estímulos nocivos, si éstos son lo suficientemente "peligrosos" o intensos. Estos sensores de nocividad se llaman nociceptores. Como ya explicamos anteriormente (ver aquí), cuando estos receptores detectan un estímulo nocivo, se activan y envían una señal de peligro a la médula espinal, la cual a su vez puede o no, reenviar la señal hacia el tálamo y la corteza cerebral. Todo este proceso recibe el nombre de "nocicepción" = conjuntos de fenómenos neurofisiológicos desencadenados por la acción de estímulos nocivos.
Podríamos resumir el proceso de la siguiente manera: nocicepción = captación de peligro. La
nocicepción se produce constantemente, sin embargo, solo en algunas
ocasiones conduce finalmente a dolor.Cuando una señal de peligro es enviada desde los tejidos hacia el cerebro, éste no se limita a ser un receptor pasivo y crédulo de la información que recibe. El cerebro evalúa de forma crítica toda la información (externa e interna) y debe decidir de inmediato si realmente es la señal de peligro que ha recibido supone una amenaza para nuestro organismo, o no. Si concluye que el estímulo es relevante y peligroso para la integridad del organismo, activará los mecanismos necesarios de protección (entre otros, aparecerá dolor). Si por el contrario determina que no tiene importancia, que no es grave, la señal será ignorada y no ocurrirá nada (no dolor).
Por lo tanto el dolor aparece cuando el cerebro evalúa que el estímulo recibido es lo suficientemente importante como para requerir la activación del "programa dolor", que proteja al individuo. Para determinar si es el estímulo es relevante o no, el cerebro se sirve de toda la información almacenada en su "disco duro" (experiencias similares previas, memoria, aprendizaje, creencias, expectativas, contexto, etc). Todos estos factores juegan un papel fundamental en la modulación de la información nociceptiva, pudiendo amplificar la señal nocicpetiva inicial o por el contrario disminuirla o incluso anularla.

Toda experiencia de dolor es una respuesta evaluativa cerebral de amenaza.
Ante un proceso doloroso, algunos factores cognitivos como el miedo, la incertidumbre, la hipervigilancia o el catastrofismo, pueden amplificar la señal nociceptiva inicial, generando una alarma de peligro desproporcionada y por consiguiente aumentando la intensidad con la que el individuo percibe el dolor.
En ese sentido la educación en dolor es clave en el tratamiento de cualquier proceso doloroso. Es decir, entender la biología del dolor y conocer los procesos neurofisiológicos que explican el dolor, proporciona al individuo una visión más clara y actualizada de lo que le sucede. A su vez, entender el dolor disminuye la sensación de amenaza y como consecuencia disminuye la intensidad con la que se percibe el dolor.
"EL DOLOR ES SIEMPRE UNA CONSTRUCCIÓN DEL CEREBRO" (Lorimer Moseley)
El dolor es algo complejo, según la definición de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP); "el dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a un daño tisular real o potencial, o descrito en términos de dicho daño".
Esta definición es muy significativa, ya que nos adelanta, que puede haber dolor aunque no haya lesión (daño potencial). Así pues, desde esta perspectiva, el dolor no es el simple resultado final de una transmisión pasiva de impulsos, sino que se trata de una experiencia compleja y multidimensional.
Dolor no siempre es = a daño. Creer que el dolor siempre significa lesión, y/o que cuanto más dolor siento, mayor o más grave es el daño en los tejidos, es una creencia errónea, pero muy arraigada en nuestra sociedad. Debemos romper el binomio dolor - daño.
Este concepto es clave en la recuperación de personas con dolor crónico o persistente. El primer paso es entender que el dolor siempre es el resultado final de una evaluación cerebral de amenaza. El dolor nos avisa del peligro, pero no siempre significa daño consumado. El dolor nunca es un input de entrada, sino un output (salida), diseñado para protegernos ante una amenaza (real o infundada). Nunca proviene de los tejidos, sino que surge del cerebro.
Como vimos (pinchar aquí) se puede tener dolor y no tener ningún daño/lesión en los tejidos. De la misma forma que se puede tener mucho daño tisular y no tener dolor (aquí).
EL DOLOR NO ES UN INDICADOR FIABLE DEL ESTADO DE LOS TEJIDOS, SINO UNA OPINIÓN QUE EL CEREBRO HA ELABORADO SOBRE DICHO ESTADO.
"Para reducir el dolor, necesitamos reducir la evidencia creíble de peligro y aumentar la evidencia creíble de seguridad". (Lorimer Moseley)


Hola Raúl, soy Manuel Picón, Manu, fisioterapeuta. Acabo de toparme con tu blog. Me parece fantástico, la verdad. Un blog que viene genial como recurso, lo usaré para recomendárselo a mis pacientes cuando quieran entender aspectos sobre el dolor.
ResponderEliminarSigue manteniendo vivo el blog, gente como tú, con la capacidad, habilidad y tiempo para escribir estos textos, es lo que muchos necesitamos, sois muy necesarios para el resto de profesionales. Generáis muy buenos recursos para la praxis diaria de nuestra profesión.
Enhorabuena.
Un saludo. Manu.
Hola Manuel. Muchas gracias por tus palabras. Me alegra que pueda resultarte útil y por supuesto puedes recomendárselo a tus pacientes, espero que les sea sirva de ayuda.
EliminarSe agradece mucho el reconocimiento. El blog se creó con la humilde intención (ojalá) de ayudar y acercar el mundo del dolor a todas aquellas personas interesadas y contribuir a la divulgación de conocimientos entre el resto de profesionales.
Saludos y gracias otra vez.