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Aquello que capta más nuestra atención, suele ser aquello que consigue despertar nuestro interés, o dicho de otra forma, aquello que nos emociona. Son las cosas que consiguen emocionarnos, las que sin pretenderlo y sin esfuerzo, quedan grabadas con más fuerza en nuestra mente.
Lo que recordamos de nuestra vida cotidiana y de nuestro pasado es el resultado de un conjunto de decisiones de nuestro cerebro, conscientes e inconscientes, para filtrar la gran cantidad de información que recibe.
Memorizamos aquellas experiencias personalmente relevantes y/o emocionalmente importantes, ya sean positivas o negativas.
DOLOR Y MEMORIA
La función del dolor es protegernos. Durante toda nuestra vida, el cerebro graba y memoriza todo aquello que asocia con una amenaza, peligro o daño para nuestro organismo.
Por eso, cada vez que nos encontramos ante una situación que pone en peligro nuestra integridad física, el sistema nervioso procesa y registra toda la información posible en ese momento (lugar, olor, movimiento...etc). De esta forma, ante una futura situación similar, el hipocampo rastreará en el "archivo de experiencias", tratando de reconocerla, con el fin de obtener más datos de la misma, y así poder protegernos mejor.
Como consecuencia de una experiencia que "considera" peligrosa o dañina, el cerebro hará cualquier cosa para protegernos. Desde proyectar dolor en una zona del cuerpo, hasta bloquear un determinado movimiento o incluso ponernos enfermos.
El caso que se describe a continuación, es un claro ejemplo.
En mitad de un partido, un futbolista remata de cabeza y se golpea fuertemente en la cabeza contra el larguero. En ese momento siente un dolor muy intenso, debe retirarse del partido y es llevado al hospital. Allí le hacen una radiografía y se observa una fractura del hueso malar, por la que es intervenido quirúrgicamente días más tarde. Tras varios meses de recuperación, vuelve a incorporarse al equipo y se dispone a jugar con normalidad. Sin embargo, cada vez que intenta rematar de cabeza, no puede, es incapaz de hacerlo. Su cerebro bloquea el gesto que le provocó la fractura, como medida de protección. Es un acto involuntario; el momento del golpe fue una experiencia traumática, y su cerebro, meses más tarde, evita el movimiento a toda costa, porque reconoce esa situación como potencialmente dañina.
Otro caso similar es el de una mujer que iba en bici por una calle de Valencia. Al girar en un esquina, de repente chocó con un coche y cayó al suelo. Tuvo una lesión en la rodilla y mucho dolor los primeros días. Estuvo varios meses haciendo rehabilitación. Casi un año después cuando ya estaba totalmente recuperada (ya no tenía ningún dolor), volvió a coger la bici. Todo era normal hasta que un día pasó por el lugar del accidente y en ese momento la rodilla empezó a dolerle. A partir de entonces, cada vez que pasaba por la esquina donde había tenido el accidente, sentía un dolor intenso en la rodilla.
Su rodilla ya estaba curada, por supuesto. El resto del tiempo no tenía nada de dolor. Es un caso claro de dolor-memoria. Su cerebro había grabado perfectamente en la memoria, el lugar exacto del episodio traumático y dotó a ese lugar de un significado amenazante. Cada vez que pasaba por allí, se cerebro respondía ante esa "amenaza" (la esquina de la calle) proyectando dolor en la rodilla, como medida de "protección".El dolor siempre es real. Es un mecanismo de defensa que nos advierte de un daño consumado o inminente. Es muy útil porque nos protege y nos avisa de que "algo ha pasado"; algo así como una alarma de incendios.
Sin embargo hay veces que el sistema falla, y el dolor permanece durante más tiempo después de la curación de la lesión. Algo que ya no es útil, porque ya no hay ningún daño del que avisarnos, ni ningún peligro del que protegernos. Igual que una alarma de incendios que sigue sonando después de que el fuego ya ha sido apagado. Ya no hay motivo para seguir sonando.
Por eso, que haya dolor no siempre quiere decir que haya daño. Entender esto es el primer paso para empezar a reentrenar a ese cerebro "sobreprotector". ¡Se puede!
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