UN GOLPE EN EL CARIBE



Es verano y estás de vaciones en una isla del Caribe, a tu alrededor, playas de arena blanca y aguas cristalinas. Has tenido un año muy duro de trabajo y mucho estrés, pero por fin han llegado tus merecidas vacaciones.

Un día decides ir a bucear y de repente, al salir del agua tropiezas y caes al suelo, con tan mala suerte que te golpeas bastante fuerte en las costillas, con un tronco que hay en la arena. En ese momento sentirás dolor, sin embargo, por muy fuerte que haya sido el golpe, seguramente sentirás mucho menos dolor que si te hubieras golpeado contra una farola, en tu ciudad, en un día lluvioso de camino al trabajo. La experiencia del dolor depende en gran medida del contexto en el que se produce.

Pasadas 2 o 3 semanas, cada vez que hagas algún movimiento, es muy probable que todavía te duela un poco. Sin embargo, podemos asegurar con una certeza casi absoluta, que por ese dolor en las costillas que todavía sientes, nunca llegarás a desarrollar un dolor crónico¿Por qué?

a) Contexto
Cuando evoques la escena del golpe, recordarás un contexto agradable, una situación placentera.

En el segundo caso, recordarás un contexto de incertidumbre (será grave? tendré que coger la baja?, tendrán que operarme?…), preocupación (no sé qué tengo…)etc. Es un contexto amenazante, peligroso y desagradable.


b) Significado
El dolor que sientes tiene una explicación, un significado. Por muy intenso que sea ese dolor en las costillas, conoces la causa que lo ha provocado. Sin embargo en el segundo caso, el significado es incierto (no sabes por qué te duele, no sabes si será grave…etc. No hay nada más demoledor que un dolor sin explicación, sin un significado.

c) Aprendizaje/experiencias previas
A lo largo de nuestra vida hemos tenido muchos episodios parecidos de caídas y golpes, hemos aprendido que esas experiencias dolorosas no son peligrosas. Estudios afirman que los niños de entre 3 y 7 años tienen hasta 9 experiencias dolorosas al dia (caídas, golpes, etc). Estas experiencias hacen que aprendamos que aunque un golpe duela mucho, luego se pasa.

En el segundo caso, el aprendizaje o las experiencias de terceros pueden jugar en nuestra contra. Si tu vecino te dice que él tuvo lo mismo y le tuvieron que operar, o que su cuñado todavía tiene dolor después de 2 años…, toda esa “información negativa” puede inducir a creencias catastrofistas que  amplifican la percepción de amenaza, lo que aumenta la percepción de dolor y lo perpetúa.

Pongamos otro ejemplo. Un día te levantas de la cama y sientes un ligero dolor en las costillas. No sabes de donde viene el dolor. Pasan unos días y todavía te duele. Te asustas un poco, además coincide que estás nervioso/a porque estás preparando unas oposiciones o tienes problemas familiares. Resulta que cuando se lo explicas a tu mejor amiga, te dice que una vecina suya tenía el mismo dolor y después de muchos meses la acabaron operando. Vas al médico y te hacen pruebas, pero no se aprecia nada significativo. Al salir del médico tienes la sensación de que el dolor ha aumentado considerablemente.

A lo mejor solo es un dolor muscular, pero el contexto en el que se ha desarrollado el dolor (miedo, historia de la vecina...), la incertidumbre de no saber qué tienes (ausencia de significado), la falta de información, etc, hacen que nuestro sistema nervioso perciba esa situación como algo amenazante. Como consecuencia, se disparan las alarmas de peligro y la percepción del dolor aumenta.

"Una de las principales cualidades del dolor es que exige una explicación". (Anne Carson)

¿Qué puede pasar?

Si ese cuadro de dolor no se maneja correctamente, existe un alto riesgo de que ese dolor se convierta en un dolor crónico complejo.
Muchos pacientes acaban desarrollando un cuadro de dolor crónico porque nadie les ha explicado la causa real de su dolor, no entienden de donde viene, ni cual es la evolución normal de ese dolor. Tanto el personal sanitario, como el entorno personal del paciente (familia, pareja, amigos, trabajo) son clave a la hora de manejar correctamente la situación.

Entre otras cosas, debemos orientar al paciente ofreciéndole información clara y actualizada, asegurarnos de que entiende lo que le pasa. Desechar creencias erróneas o informaciones falsas acerca de lo que cree que tiene. Evitar los discursos catastrofistas ("si no cuidas tu espalda acabarás en una silla de ruedas").

"Lo importante no es lo que tienes, sino lo que piensas que tienes, lo que creas o entiendas sobre aquello que te está pasando". (Rafael Torres Cueco, 2018)

Si la situación no se enfoca correctamente, puede ocurrir lo que vemos habitualmente en la consulta. Pacientes que se sienten incomprendidos, y a menudo inician una "peregrinación terapéutica" que no les lleva a ningún sitio.
El peregrinaje terapéutico, unido al fracaso de las terapias recurridas, crea una sensación de incertidumbre, angustia y miedo que amplifica la percepción de amenaza, lo que a su vez agrava la percepción del dolor.

"La interpretación que un sujeto haga de la causa de su dolor, determinará la intensidad con la que experimente o perciba ese dolor. Al educar al paciente le proporcionamos una nueva interpretación de su dolor". (Rafael Torres Cueco. 2018)

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