"EL PERFUME"; UNA HISTORIA DOLOROSA

Cartel de la película "Perfume: The Story of a Murderer" de Tom Tykwer, basada en la novela de Patrick Süskind

El sistema nervioso central se encarga de "analizar" y procesar los estímulos que reciben los receptores sensitivos (visuales, olfativos, táctiles, etc), para determinar si se trata de algo potencialmente dañino o peligroso para la integridad física del individuo. Sin embargo, dicho procesamiento no siempre "funciona" correctamente, pudiendo en ocasiones ser interpretados como peligrosos, estímulos que en realidad no lo son

La manera en la que dos individuos interpretan un mismo suceso o estímulo puede ser totalmente diferente. Lo que para una persona puede resultar amenazante, para otra puede ser algo totalmente inofensivo. Ni el primero tiene razón y el segundo está equivocado, ni al revés. Cada uno vive la realidad en base a la interpretación que hace de la misma. Al cerebro no le interesa "la verdad", solo le importa la superviviencia del organismo que lo alberga.

El contexto en el que se produce un estímulo será determinante en el procesamiento del mismo, el cual dependerá directamente del grado de atención que el individuo le dedique en el momento en el que sucede. 
El nivel de atención dedicada a un estímulo viene determinado por el significado y la interpretación que el sujeto haga del mismo, en base a su cultura, al aprendizaje familiar, a sus creencias y a sus conocimientos. De esta forma, un mismo estímulo (por ejemplo, una imagen), puede ser interpretado de manera totalmente opuesta por dos sujetos, no hay una interpretación correcta y otra errónea, todas son correctas en función del significado que para cada uno tenga esa imagen. 

"Lo importante no es el estímulo en sí, sino la interpretación que hagamos del mismo".

"Tener dolor, sentir más o menos dolor no depende exclusivamente de la intensidad del estímulo recibido, sino de la interpretación que el paciente haga sobre ese estímulo en un momento y contexto determinado". (Rafael Torres Cueco, 2018)

Daño (lesión) NO es igual a dolor. Se puede tener mucho daño en los tejidos (lesión) y no sentir dolor, y al revés, se puede sentir mucho dolor y no tener ninguna lesión.

Caso real
Un hombre de mediana acude a la consulta. Nos cuenta que hace años encontró a su mujer en la cama con otro hombre. Días más tarde descubrió que también le había sido infiel en otras ocasiones. Reconoce que fue muy duro, la separación fue traumática y supuso un episodio emocionalmente muy difícil. 
Ya han pasado 2 o 3 años, pero a día de hoy, cada vez que está cerca de alguna mujer que lleva el mismo perfume que utilizaba su exmujer, siente un dolor intenso en la espalda, un dolor punzante y localizado que él mismo describe; "como si me clavaran un puñal".

El dolor que él siente es real, no se lo inventa, él siente dolor en la espalda pero no hay ningún daño en sus tejidos. Por si alguien lo está pensando; NO exiten dos tipos de dolor; el "psicológico" y el "físico". Solo hay un dolor, el dolor es dolor, sin apellidos, y siempre es real.
 
Lo necesario para sentir dolor no es solo el estímulo en sí (olfativo en este caso, un perfume), sino el significado de dicho estímulo. El sujeto vivió toda esa situación de manera traumática. El estrés y el sufrimiento hicieron que su cerebro, de manera inconsciente y como mecanismo natural de defensa, catalogara el perfume de su exmujer como algo terriblemente amenzante. Su cerebro codificó ese olor como un estímulo dañino, dotándolo de gran relevancia. Su sistema neuroinmune guardó ese olor en la memoria como algo peligroso, y ahora cada vez que lo percibe, se activan las alarmas y se desencadena el "programa de dolor".

Como hemos dicho antes, el dolor no depende solo de la intensidad del estímulo (a más daño o más lesión, más dolor); NO. Ni siquiera, como en este caso, es necesario que el estímulo sea nociceptivo (dañino); un perfume no es algo peligroso para nuestro organismo. Sin embargo, en ocasiones, lo único que hace falta para sentir dolor, es que el sistema nervioso central interprete un estímulo como algo amenzante, aunque en realidad no lo sea.

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